Poderosa

Todos mis improbables lectores—como suele escribir Manuel Rodríguez Rivero—saben que una de mis pasiones es correr. Durante los años en que he estado al frente de este espacio, he hecho alguna mención a las sensaciones que tengo corriendo, incluso llegué a escribir una entrada sobre este asunto. Hoy— escribo esto un domingo por la tarde— he participado en una carrera popular y he vuelto a emocionarme y a disfrutar, siendo consciente de la suerte que tengo, por hacer una de las cosas que más me gustan en la vida.
Otra de mis pasiones es el arte y, de un tiempo a esta parte, ando bastante obsesionada con esta pintura: Atalanta e Hipómenes, de Guido Reni. El pintor boloñés estuvo muy influenciado por la Antigüedad clásica y por Caravaggio, como podemos apreciar en esta imagen. La historia de Atalanta, de sobra conocida por todos, hace referencia a una mujer con grandes dotes para correr, quien también admira y busca la belleza por dónde quiera que va. Se siente seducida por ella y es la que modifica su camino.
Quizás deberíamos dejarnos arrastrar más por ella, por la belleza, claro, no por Atalanta. Belleza es esta receta de hoy, que también nos proporciona fuerza, ligereza para la carrera; porque correr también es hermoso. Yo corro porque me gusta sentir la renuencia de mi propio cuerpo, corro porque me gusta resistirme y aguantarme, porque quiero poder conmigo misma sabiendo que soy más fuerte incluso que mi voluntad.
Estos barquitos de cogollos tienen manzana, como las que tentaron a Atalanta, estoy segura de que vosotros tampoco os podréis resistir y caeréis rendidos a toda la luz que nos rodea. Pensadlo, seguro que encontráis una razón.

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