El mundo gira

Hoy no hay receta: este bodegón es mi manera de “ir más allá” de la realidad. Podría decir de alguna manera que “es una mirada nueva que simboliza la apertura del mundo”.
No sé si os ha pasado alguna vez, a mí me sucede de vez en cuando: mis sentidos se amplían, se expanden, todo adquiere una dimensión sensorial para mí. No sé si se debe a hacer cosas que me gustan, a esta estación…, a los días locos que estoy viviendo.Tengo la sensación de que la belleza me hiere, que abre una grieta en mi interior. La grieta por donde entra la luz, la rendija que me sucia esta agitación.
Quizás yo también me preparo mentalmente y me rodeo de todo lo que me enriquece, me aporta algo y me acerca a la belleza. Me ha pasado con La casa de los pintores, una novela de Rodrigo Muñoz Avia , donde cuenta la vida de sus padres–Lucio Muñoz y Amalia Avia– y sus hermanos. La historia me ha parecido maravillosa. El mundo de los pintores siempre me ha interesado, me resulta impresionante lo que pueden llegar a expresar, así como el universo que les rodea.
“El arte siempre ha sido una manera de ir más allá de la realidad dada, de trascenderla, subvertirle o repensarla. En este caso, era una mirada nueva que simboliza la apertura al mundo del nuevo estudio”. Eso dice Rodrigo Muñoz Avia sobre sus padres: Amalia Avia y Lucio Muñoz. Los dos pintores –de estilos muy diferentes: abstracto él, realista ella- son una pareja enamorada, unos padres felices y entregados. Amalia-según cuenta su hijo en este libro-escribe en sus memorias que la primera vez que Lucio Muñoz vio sus pinturas alabó especialmente este “pálido bodegón”. “Aquella noche no pude dormir de alegría.»

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