Las reglas del juego

 

Hay mujeres que despiertan envidia, quizás no por su belleza, sino por hacer cosas muy diferentes, por su capacidad de análisis, por su inteligencia y por su fuerte personalidad, que las hace estar por encima de lo que ahora llamamos "feminismo". Una de ellas es Joan Didion, aunque también podría nombrar a algunas mujeres y colegas de su generación como Renata Adler o Janet Malcom. Ahora intentan parecerse a ellas escritoras como Sadie Smith o Caitilin Moran. Os recomiendo que las leáis a todas, son maravillosas. Didion se dio a conocer al ganar un concurso de ensayo para la revista Vogue en Estados Unidos y desde entonces forjó su vida escribiendo: ensayo, guiones para el cine, crítica, novelas… “Escribo completamente para darme cuenta de lo que estoy pensando, de lo que estoy mirando, lo que veo y lo que significa. Lo que quiero y lo que temo” Didion escribe para eso, supongo que todos lo hacemos un poco, para no olvidar; aunque como ella dice: “Nos olvidamos muy pronto las cosas que pensamos que nunca podríamos olvidar”. Además, escribir es otra manera de decir «pensar» y hacerlo conscientemente, pues el papel es testigo de nuestras ideas, de la manera en que cambian y se transforman, de nuestras vacilaciones y también de nuestros errores, nuestras tachaduras, porque nuestra vida—nuestro pensamiento—incluye nuestras equivocaciones. De Didion—os pido perdón de antemano porque no quiero resultar pedante—lo he leído todo ; porque es una persona que me ha atraído mucho por su vida, por su forma de afrontar las cosas, por su capacidad para analizar la realidad. Acaba de salir hace poco una nueva traducción de una de sus obras, en concreto, de su novela Según venga el juego, que no es, ni mucho menos, la última. En ella desmonta a la sociedad americana de los años 60. Su protagonista es una actriz que nunca ha tenido mucho éxito y siempre se ha dejado llevar por las opiniones de su marido . Una mujer que se somete a su esposo, pero sin darse cuenta; simplemente porque flotaba en el ambiente, como nos sucede a nosotros tantas veces desde el hecho de tener hijos—la parejita—hasta la marca de nuestro detergente. En esta historia encontramos la hipocresía de una sociedad que vive en el mundo de las apariencias, de las dobles caras, de falsedad. Vemos a la protagonista a la deriva, pero también a la sociedad americana porque las sociedades no existen en abstracto, sino que se hacen realidad, se manifiestas, en cada uno de los individuos que las componen; pero quizás hay más, porque nuestra sociedad ha elevado casi a la categoría de absoluto a la masa: la opinión de la mayoría, lo políticamente correcto, lo que se espera de nosotros: piensa como quieras, pero actúa como si no pensases. Hay un momento de la novela en la que Maria (pronunciado "maraiah") hace una lista sobre sus planes de futuro, cuando descubre que la respuesta es “nada”. En el tercer puesto: hacer conservas, da igual de lo que sean pues “hasta es posible que exista un mercado listo para tales conservas”. Este fin de semana he hecho conservas. Os dejo unos rabanitos encurtidos que harán vuestra delicias una vez estén listo. Yo, tendré los míos este próximo fin de semana y os aseguro que disfrutaré cada bocado. Buena semana.

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