Nunca y siempre

La he regalado en varias ocasiones e imagino que lo haré en algunas más. Es una de mis películas favoritas y sí, me parece maravillosa aunque no sea profunda e intensa. Como podéis imaginar, ya he escrito en este espacio sobre ella, hace un puñado de años (lo podéis leer aquí) y llevaba tiempo dándole vueltas a la idea  de «reversionar», si pudiera decirse así, algunas entradas de La letra con salsa entra. La reciente muerte de Stanley Donen, director de Dos en la carretera-ya está dicho- ha sido el acicate para ello.
Two on the road es una película del año 1967 protagonizada por la inolvidable Audrey Hepburn y Albert Finney: es deliciosa, divertida y fresca. Recoge la historia de amor de esta pareja en la carretera, a través de sus viajes y en sus diferentes etapas vitales; algo que aparece plasmado a través del la ropa, los peinados e incluso los modelos de coches. Es,como dicen los expertos cinéfilos, una «road movie». Aunque es eso y mucho más: sensible, elegante y con una banda sonora maravillosa, no obstante, su creador es el gran Henry Mancini.
He visto la película muchas veces y siempre encuentro algo nuevo en ella. Recuerdo la primera vez que la vi, recién cumplida la mayoría de edad y con mi padre al lado. Las cosas eran diferente entonces, digamos, más ideales, más fáciles. Con el tiempo, además de echar a mucha gente y muchas cosas de menos, me he dado cuenta que la película  antes me hacía aferrarme al futuro, ahora me hace aferrarme al pasado. Me he dado cuenta que debemos cuidar a la gente que queremos, que la vida y las relaciones son muy frágiles, que la cocina es una muestra de amor; como esta ensalada de alubias, perfecta para llevar en el coche y hacer un pcinic en mitad del campo. Me he dado cuenta de que tengo fe, como decía en el último post, a pesar de que muchos digan que «nunca y siempre son las dos mentiras universales del amor»

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