Rebobinar: de delante a atrás continuamente

«Los hombres no se mueren por completo mientras alguien se empeñe en recordarlos.
Búsquenlo en su memoria y en la mía,
donde sigue su voz aleteando. Hoy pídanle a Campmany una sonrisa.
Verán cómo él les hace ese milagro.»
Laura Campmany
El verano de entonces, como el de ahora, no terminaba de llegar. Los amaneceres carecían de sol, las nubes lo tapaban y, aunque aparecía tímidamente a mitad del día, su fuerza ya era otra que nada tenía que ver con lo que esperamos del sol durante el mes de junio. Hasta que por fin llegó con un calor tan sofocante que me impedía respirar. Era un 25 de junio del año 2000.
Como dice un personaje de Rewind—libro del que os voy a hablar—“sólo tenía veintitrés años, pero ya había dejado atrás mis mejores días”. O como digo yo: la vida era sólo futuro y desde entonces es una continua mirada atrás.
Falta justo un mes para que se cumplan veinte años del día más oscuro de mi vida (escribo esto el 25 de mayo del año 2020) y ya empiezo a rebobinar. Me pasa todos los años por estas fechas pues me resulta imposible olvidar, y los recuerdos se suceden como relámpagos  y truenos. En mi mente algunas imágenes se aceleran: aquel motorista inerte tirado en la carretera al que mi hermano mellizo me ordenó no mirar (como si hubiéramos adivinado el terrible presagio), la horas y horas en la biblioteca dando el empujón final, el casual encuentro con unas amigas que no lo eran en realidad, el verano que no terminaba de llegar, el vigésimo cuarto cumpleaños de J, que volvimos a celebrar, aquella camiseta india de cuello ‘halter’ que tanto me gustaba, la noche de San Juan, la caricia en mi mejilla que, sin saberlo, fue la despedida final, una comida en Sloppy (al que no he podido volver) porque era un día especial, el cristal roto de ese coche en mitad de una calle casi desierta, el partido de España en las Olimpiadas de Sidney, Hotel California de los Eagles, que sigo sin poder escuchar, la fiebre que no me quería dejar…
Rewind es la última novela de Juan Tallón, que narra un momento dramático y sus consecuencias desde diferentes puntos de vista. Hay muchos fragmentos que he subrayado de este libro porque me ha golpeado profundamente. Como siempre dice él: lo importante no es lo que yo pienso del libro, si no lo que él dice de mí.
Se me da muy bien rebobinar, ya lo veis, aunque no exista sitio al que regresar.  Los recuerdos aletean, como dice Laura Campmany, y me llevan a otros lugares, a otras ideas, a tener fuerza, fe y esperanza porque la vida es maravillosa, además de frágil, y tenemos la suerte de estar viviéndola. Nos llevamos toda nuestra existencia buscando algo, pero es suficiente vivir, así que os invito a celebrar la vida y toda la belleza que nos rodea. Pongo la bebida: brindo mirando al cielo. El café “estrenaba las mañanas”, lo sigue haciendo, y no hay ninguna en la que al percibir ese adictivo olor no me acuerde de ese café irlandés del Flaherty’s que no llegamos a tomar nunca.Confío en que él haga ese milagro.

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