Cosas que nunca cambian

Hace algo más de un año tomaba mis tradicionales vacaciones estivales en este espacio comentando un libro que me había encantado: Tema libre, de Alejandro Zambra. Desde entonces-y no hace tanto tiempo- han cambiado algunas cosas pero yo sigo leyendo a Zambra y entusiasmandome con él.  Hay cosas que no cambian nunca.
Esas cosas que no cambian nunca son mis  tendencias, mis gustos; por más que piense lo contrario, siempre vuelvo a lo mismo y así se cierra el círculo que, de momento y afortunadamente, sigue abriéndose  y vuelvo a recorrerlo, un camino a veces con más curvas de la cuenta, pero todo pasa y siempre empiezo de nuevo.
En realidad, quiero hablaros de un libro: Poeta chileno, editado por Anagrama y última novela publicada del escritor sudamericano. No lo acabo de leer, sino que me lo bebí de un tirón durante los primeros días del confinamiento porque es divertido, emocionante,  está bien escrito y toca uno de mis temas favoritos: la literatura y, afinando más, la poesía. Ya me estoy poniendo «metaliteraria», dejemoslo aquí. Hay cosas que no cambian nunca.
Llevo varios días pensando en hacer un post de vacaciones, porque este año no iba a ser menos. Me gustará despedirme, no sé si temporalmente, con algo que me haya encantado y, echando la vista atrás, he recordado a Zambra en esos raros días de marzo. Como dice Nadal Suau en su reseña publicada en El Cultural , Poeta chileno recuerda a la «complejidad de la vida»: todos tenemos ratos mejores y peores pero está claro que debemos estar satisfechos de haberlos vivido. La familia, los amores, los amigos… son los temas principales en nuestras vidas como lo son en Poeta chileno, a estas personas debemos agarrarnos en momentos de incertidumbre como estos pues no ofrecerán un camino para empezar de nuevo. Porque hay cosas que no cambian nunca.
Parece que en el camino de este verano no veremos nuevos paisajes, pero insisto en empezar de nuevo con la tozudez propia de una sagitario. Recuerdo el verano (sin nuevos paisajes) de 2016: paseé por Sevilla viendo lugares insospechados en las paredes, en cada desconchado, visitando países que estaban a la vuelta de la esquina, los llamé #cartografíasdelabandono. Este año volveré a hacerlo, también a alimentarme de helados y cerezas como estos. Hay cosas que nunca cambian.

2 comments on “Cosas que nunca cambian”

  1. Ángel Responder

    Ernestina, recuerda que la primavera humilde de Soria no se percibía antes de Antonio Machado. Se sabía del duro invierno y de los avatares del verano, pero el sevillano iluminó los cerrillos, los pedregales, los riachuelos y los campesinos. Hasta hoy. ¿Es posible regresar a lo prístino? Pues eso, deja las despedidas para otro momento. Tendrás tiempo para hacerlo.
    No comparto tu entusiasmo por Zambra; sí el que él y tantos otros sentimos por los libros. Pero da igual. Regresa a la ciclista de Muñoz Rojas y que tus paseos por Sevilla te sean graves y leves.
    Un saludo

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