Virutas

¿Qué imagen aparece en vuestra cabeza cuando leéis la palabra despojo? Posiblemente penséis en sobras, residuos, vísceras, escombros, pero despojo es también el material que se puede aprovechar de un edificio que se derriba. Eso sí, el edificio antes debe desmoronarse, pero se puede sacar algo bello, algo útil de él.
Despojos, por cierto, es también el último libro de Rachel Cusk publicado en nuestro país por la editorial Libros del Asteroide. Me encanta Rachel Cusk, he leído casi todos sus libros publicados en español; me parece una escritora brillante que sabe decir las cosas sin caer en obviedades ni en lugares comunes. Algunos “críticos” han calificado Despojos, —que lleva el subtítulo: Sobre el matrimonio y la separación— como un ensayo, aunque yo no estoy muy segura de eso. Sí es cierto que Cusk expresa las cosas con un golpe seco y, aunque me veo tentada a dejar por aquí algunas de sus frases, no habría espacio para transcribir todos los fragmentos que he subrayado del libro.
“Yo quiero vivir, digo. No quiero contar mi historia. Quiero vivir”
“…porque de pronto comprendí que su fracaso no venía de una intención perversa, sino del hecho de que nadie la quería.”
“Pero toda su crueldad va dirigida contra usted misma, dice. Me río. Le molesta. ¿Por qué se ríe?, pregunta secamente. Contesto que no tengo mucho tiempo para la doctrina del amor propio. Lo veo como una ciénaga primigenia en la que no sopla el viento, y no quiero quedarme atrapada ahí. Eso que él llama crueldad, yo lo llamo la disciplina de la autocrítica. Una mujer que se quiere a sí misma está desprotegida.”
“A veces dices las cosas antes de entenderlas”
“Al principio me asusto, como he aprendido a asustarme de las cosas bonitas, por miedo a que escondan lacerantes astillas de nostalgia… Y no como, por miedo a que el alimento me haga daño con sus insinuaciones de placer.”
“Son tantos que puede comérselos sin preocuparse por el final del placer, pero de repente se acaban, el paquete está vacío”
Yo odio los despojos, quiero decir que odio la vísceras, así, lo digo también como un golpe seco. No puedo soportarlos y no creo que los coma jamás. He pensado cocinar algo que no me guste, algo que me produzca dolor y me haga más fuerte; es decir, vísceras, es lo más fácil. Pero soy como Cusk, un poco retorcida, y no me gusta caer en obviedades, sería lo más fácil. Hay otras formas de utilizar un deshecho y convertirlo en una delicia. Quizás va más conmigo rescatar un poco de pan duro y hacer un pain perdu o un delicioso pudín. Hay algunas cosas que tengo claras en esta vida: quiero vivir, no quiero ser una mujer desprotegida, no lo soy, no quiero tener miedo de las cosas bonitas, sé que digo las cosas antes de entenderlas y no, no quiero comer aquello que no me gusta. “Y yo tampoco soy capaz de recordar qué me llevó a destruir la vida que tenía. Sólo sé que la he perdido, que ya no existe.” Con los despojos he construido un edificio a mi medida, una dichosa vida.

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